
Estoy que me muerdo la lengua —o los dedos, porque estoy digitando— para no opinar de la hipócrita OEA que condena el golpe de estado en Honduras y amenaza con sanciones, (y debe hacerlo, por supuesto) pero hace poco tiempo recibió al golpista gobierno cubano como parte de la organización ¿A qué horas se nos convirtió la OEA en ALBA? Estoy que me muerdo la lengua —o los dedos, insisto— para no opinar sobre «la encrucijada del alma», que a estas alturas debe ser entre las opciones (1) irse ahorita y correr el riesgo de un «fujimorazo», con la desazón de que no se cumplieron las promesas bandera de acabar con las FARC ni de dejarnos TLC y (2) hacerse reelegir para evitar esas dos cosas pero correr el riesgo de recoger el país tan malo que dejó, cosa que dañaría la histórica popularidad. Estoy que me muerdo los dedos para no decir que los colombianos celebramos por estos días un año sin golpes importantes a las FARC... o sea, un año perdido de la única y exclusiva razón por la cual le voté al presidente Uribe: acabar con la guerrilla.
No, no voy a opinar de esas cosas. Voy a hablar sobre el primer festival de valores colombianos en São Paulo. Mucho mejor; más alegría, más sabor a tierra en la distancia y, sobre todo, más de la Colombia de verdad, la de la gente bonita.
El festival se llevó a cabo durante un mes, del 28 de mayo al 27 de junio, en varios de los centros culturales más importantes de São Paulo: la Librería de la Cultura (la librería más importante de Brasil), el Instituto Cervantes, el Cine Bombril (famoso por sus películas de cine culto), el Conjunto Nacional (el centro comercial cultural que hospeda al Cine Bombril y al local más importante de la Librería de la Cultura) y el Memorial de América Latina.
Fue realmente interesante todo lo que hizo la organización y todo lo que se pudo ver desde la inauguración hasta la culminación del evento. Claro, hubo cosas que podrán mejorarse en versiones futuras, como mayor difusión del evento para el público no colombiano, pero esas seguramente se tendrán en cuenta en los años siguientes.
En el Cine Bombril se exibieron tres películas colombianas:
La sombra del caminante, L
a estrategia del caracol y
María llena eres de gracia. Yo solo pude asistir a
La estrategia del caracol, que curiosamente tenía los subtítulos en francés (después alguien me explicó el porqué). En el corredor del Conjunto Nacional hubo todo el mes una exposición fotográfica de Bogotá, mientras que en una de las salas de la Librería de la Cultura se presentaron conferencias sobre temas bastante variados; iban desde los escritos periodísticos de Gabo hasta las relaciones bilaterales entre Brasil y Colombia, pasando por los créditos de carbono y el potencial de negocios para los dos países, entre otras. Todas conferencias que resultaron muy eruditas.
En cuanto a la parte cultural, hubo una muestra de poesía colombiana, se discutió la arquitectura del país, hubo una exhibición de libros paisajísticos del país, una exposición de pintura del artista colombiano Kamel Ilián en el Memorial de América Latina y presentación de bailes típicos presentados por el Ballet
Semilla colombiana (foto) —conformado, en general, por estudiantes colombianos en São Paulo— y otro grupo de baile cuyo nombre no recuerdo, compuesto también por estudiantes colombianos. Ver bailar una cumbia en plena Avenida Paulista fue una de esas cosas que hace aflorar el orgullo y la alegría de ser colombiano, quizás la experiencia patria más profunda que haya vivido en estos cuatro años y medio que llevo en São Paulo (el guía latino, el portal de Internet más importante de la comunidad hispana en São Paulo, lo reportó
aquí muy cálidamente)... tal vez solo comparable a la vez que Montoya ganó el Gran Premio de Interlagos en esta misma ciudad. Finalmente, hubo cosas que resultan muy atractivas cuando se está lejos de casa: muestras de café colombiano, arepas, empanadas y rifas de tiquetes ida y vuelta a Bogotá.
En fin, fue un muy buen festival que debe continuarse y mejorarse año tras año. Debe reconocerse el muy buen trabajo que hizo el Cónsul de Colombia en São Paulo, señor Edwin Ostos, así como la Asocación de Amistad de Brasil y Colombia y las otras personas que participaron en la organización. Realmente fue muy bueno. Felicitaciones a todos ellos y muchas gracias por hacernos sentir un poco más cerca del hogar.